Una vida salvada cada 10 segundos: 50 años de vacunas que cambiaron todo
Hace 52 años, en 1974, la Organización Mundial de la Salud puso en marcha el Programa Ampliado de Inmunización para mejorar el acceso a las vacunas en todos los países que la integran. Al comprar en forma masiva a la industria que las fabrica, abarató los costos y ayudó económicamente a las naciones con menos recursos para que su población pudiera vacunarse. Medio siglo después, el resultado se puede contar en números concretos: 154 millones de vidas salvadas entre 1974 y 2024. Una vida cada 10 segundos.
La medida más efectiva de la historia de la medicina
De esas 154 millones de vidas salvadas, 101 millones fueron niños. La mortalidad infantil a nivel mundial se redujo un 40%, y en África, un 52%. De todas las acciones implementadas desde el campo de la medicina, la vacunación es la que mayor costo-efectividad tuvo en la historia de la humanidad: pocas intervenciones sanitarias devuelven tanto a cambio de tan poco.
Vacunarse te protege a vos
Vacunar a una persona de cualquier edad mejora su calidad y su expectativa de vida. La vacuna antigripal, por ejemplo, protege de hacer un cuadro grave de gripe en más del 90% de los casos: se puede contraer la enfermedad, pero no de forma severa. Quien sufre un cuadro de gripe sin estar vacunado —en especial los mayores de 60 años y las personas con factores de riesgo como diabetes, hipertensión, tratamiento oncológico o enfermedades reumatológicas— tiene, en los 12 meses siguientes, hasta 8 veces más riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular, 10 veces más riesgo de un infarto cardíaco, 8 veces más riesgo de una neumonía bacteriana, 74% más riesgo de alteración de la glucemia en pacientes con diabetes, y 23% más riesgo de perder independencia. Vacunándose, esos riesgos vuelven a sus valores basales.
Vacunarse protege a quienes tenés cerca
Cuando se vacuna a un niño contra el sarampión, aunque llegue a contagiarse, no va a contagiar a otros niños. Cuando se lo vacuna contra el Haemophilus influenzae, el neumococo o el meningococo, deja de tener esos gérmenes en la garganta y no los va a diseminar entre sus contactos. Cuando una persona se vacuna contra la gripe, no va a contagiar de gripe a quienes la rodean. Y cuando se vacuna contra la varicela, corta la circulación del virus entre sus contactos. Vacunarse, en ese sentido, es también un gesto hacia el otro.
Vacunarse protege a toda la comunidad
Cuando se logra vacunar contra enfermedades de transmisión exclusivamente humana a más del 95% de una comunidad, esa enfermedad se elimina de ella. Así se erradicó la viruela del mundo. Así se eliminó uno de los virus causantes de la poliomielitis (la cepa 2). Así se logró eliminar por más de 15 años el sarampión de toda América, desde Canadá hasta Tierra del Fuego — hasta que, con la caída de los porcentajes de vacunación, volvieron a aparecer brotes en distintos países del continente. Es la prueba más clara de que la protección colectiva se sostiene entre todos, y se pierde apenas alguien deja de sumarse.
«Vacunarse no es solo un cuidado individual: es un acto de cuidado colectivo.»
Lo que pasa cuando cae la confianza
La disminución de la cantidad de personas vacunadas permite que vuelvan a aparecer enfermedades que hace años no se veían: difteria, tétanos, sarampión, varicela, poliomielitis, hepatitis A y hepatitis B, entre otras, que habían disminuido muchísimo y de a poco vuelven a asomar. Detrás de esa caída suele haber tres situaciones que se potenciaron durante la pandemia de Covid-19, entre 2020 y 2021, muchas veces generadas o diseminadas en redes sociales por personas con poca o ninguna formación médica: desinformación, desconfianza y complacencia. Las tres, juntas, empujan la cobertura de vacunación hacia abajo — y a las enfermedades, hacia arriba.
Desde la sociedad, el primer paso está al alcance de cualquiera: revisar el carnet de vacunación propio y el de la familia, y consultar en el centro de salud o vacunatorio más cercano si falta alguna dosis. Porque si las coberturas siguen cayendo, corremos el riesgo de dejar de salvar una vida cada 10 segundos — y esa es una cifra que vale la pena seguir sosteniendo.
Dr. Andrés Gallardo Martínez — Médico especialista en Medicina del Deporte. Integrante del Comité Académico de la Diplomatura Universitaria en Medicina del Estilo de Vida, Universidad Nacional del Comahue.
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