Hasta la mitad de los cánceres se puede prevenir: la ciencia del estilo de vida
El cáncer es una de las principales causas de muerte en el mundo: en 2021 explicó cerca del 15% de los fallecimientos a nivel global. Pero hay un dato que cambia el enfoque: entre el 30% y el 50% de todos los casos se pueden prevenir a través de la alimentación, el movimiento y otros hábitos cotidianos. Así lo explican la Dra. Sofía Manson y el Dr. Pablo A. Olavegogeascoechea, especialistas de la Diplomatura Universitaria en Medicina del Estilo de Vida de la Universidad Nacional del Comahue, en una columna que comparten con Revista Cipolletti.
Detectar a tiempo no es lo mismo que prevenir
Hacerse los chequeos correspondientes cada año —o con la periodicidad que indique el médico de cabecera— es muy importante, pero forma parte de lo que se llama "prevención secundaria": estudios como la mamografía, la sangre oculta en materia fecal o el examen prostático ayudan a detectar el cáncer en estadios tempranos, no a evitar que se desarrolle. Es la prevención primaria —el estilo de vida— la que se posiciona como el principal aliado para que la enfermedad ni siquiera aparezca.
Lo que comés, importa
No hay un único alimento que por sí solo prevenga el cáncer: lo que marca la diferencia es el patrón alimentario completo. Una alimentación basada en plantas —con frutas, verduras, legumbres, granos enteros, frutos secos y semillas como base— reduce el riesgo de varios tipos de cáncer, siempre que esos alimentos sean de buena calidad nutricional y no de tipo ultraprocesado (una hamburguesa "de plantas" cargada de harinas refinadas y sodio no cumple la misma función).
Los expertos hablan de alcanzar 30 variedades de plantas distintas por semana, el estándar de oro de la salud digestiva según el American Gut Project: cuanto más diversa la dieta vegetal, mayor la proporción de bacterias intestinales beneficiosas. Un estudio con 1,8 millones de personas, el más grande hasta la fecha publicado en el British Journal of Cancer, encontró que quienes comen menos carne tienen menor incidencia de cáncer de riñón (-28%), páncreas (-21%), próstata (-12%) y mama (-9%). La recomendación internacional es no superar las tres porciones semanales de carne roja, es decir, menos de 500 gramos cocidos por semana.
Moverse, todos los días
El músculo no es solo un reservorio de fuerza: funciona como un órgano que, al activarse, libera sustancias (miocinas) con efectos protectores en todo el organismo. La actividad física regular ayuda a regular el apetito, modula el sistema de recompensa evitando el deseo casi incontrolable hacia los ultraprocesados, y actúa como un potente regulador inmunológico, disminuyendo la inflamación crónica de bajo grado asociada al desarrollo de distintos tipos de cáncer.
Entre el 30% y el 50% de los cánceres se pueden prevenir. La ciencia ya sabe cómo: alimentación, movimiento y sueño, todos los días.
El sueño que casi no se nombra
El sueño no es un estado pasivo, sino una necesidad biológica fundamental. Un estudio prospectivo con 10.000 personas mayores de 50 años determinó un 33% más de riesgo de cáncer ante un deterioro moderado en la calidad del sueño, y hasta un 59% más ante un sueño severamente alterado. La alteración del ritmo circadiano se vincula, en particular, a cánceres "hormono dependientes" como el de mama y el de próstata, además de sumarse la apnea del sueño y los turnos nocturnos laborales como factores de riesgo adicionales.
El cáncer no es un dictado del destino: buena parte de su historia se escribe en las decisiones de todos los días. Ninguno de estos hábitos cura por sí solo, pero juntos hacen una diferencia real, medida en estudios con millones de personas.