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María Eugenia Llorente, la artista Peufe, sonriendo en un retrato
Cultura · Historias de Vida

De la Fórmula 1 al Doodle Art: la valletana que pisó el freno a 300 km/h y encontró su propósito en el arte

3 de agosto de 2026 · Cipolletti, Río Negro

María Eugenia Llorente nació en Luis Beltrán, dirigió una academia en Cipolletti, trabajó 8 años en Inglaterra para Jaguar y Red Bull Racing y a los 45 reinventó su vida. Hoy es Peufe, la artista que convierte el garabato en sanación.

Si le preguntabas a Eugenia de chica qué quería ser, te decía arquitecta. Si le preguntabas a los 30, te hablaba de algoritmos, bases de datos y túneles de viento. Si le preguntás hoy, te sonríe y te dice: «Soy Peufe».

Y detrás de ese nombre corto, dulce y ya marca registrada, hay una de esas historias que nos encantan en Revista Cipolletti: de esas que cruzan el mundo para volver al Valle.

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La chica del Valle Medio que se fue a programar autos que vuelan

María Eugenia Llorente nació en Luis Beltrán, en el corazón del Valle Medio. Hizo primaria y secundaria allí, soñando con irse a estudiar Arquitectura a La Plata o Córdoba. La economía familiar no lo permitió y buscó la opción más cercana: Bahía Blanca, donde ya estudiaba su hermana.

En la Universidad Nacional del Sur encontró la Licenciatura en Ciencias de la Computación. Era mediados de los 80 y le dijeron que era «una carrera con futuro». Se recibió en 1993, volvió a Río Negro, se casó y empezó a trabajar.

Muchos en Cipolletti la recuerdan de esa época: primero en una cooperativa, después como profe del Instituto Argentino de Computación (IAC). Cuando el instituto abrió su franquicia en Cipolletti, fue ella quien la dirigió.

En 2001, junto a su pareja de entonces, decidió probar suerte afuera. Primero Vancouver, Canadá. El sueño duró poco: llegó el atentado a las Torres Gemelas, Canadá cerró sus visas de trabajo y una amiga les tiró una idea: «En Inglaterra buscan informáticos». Juntaron lo poco que quedaba del corralito y se fueron.

Boxes, datos y un pie en la puerta

Durante cuatro meses en Inglaterra, Eugenia fue a entrevista tras entrevista. Nada. Hasta que su pareja vio un aviso en el diario: la escudería Jaguar de Fórmula 1 buscaba desarrollador Visual Basic con manejo de bases de datos.

Ella nunca había visto un auto de Fórmula 1 ni de cerca. Mandó el CV igual.

Fueron tres entrevistas y varios tests. En la última, sintiendo otro «no», hizo algo que cambiaría su vida. Antes de que le cerraran la puerta, la trabó con el pie y le pidió a su entrevistador: «Decida lo que decida, por favor deme un feedback. Quiero aprender».

Tres años después, ese hombre —que ya era su jefe— le confesó la verdad: competía cabeza a cabeza con un sudafricano que hablaba mejor inglés. Esa actitud decidida le dio la pole position.

Entró como programadora junior al Departamento de Aerodinámica, aunque ya era senior. Su cerebro era, como ella misma cuenta, «un vasito de plástico al que le querían meter una manguera de bombero». Pero aprendió. Y mucho.

En 2005 Red Bull compró Jaguar. El equipo pasó de 300 a 600 empleados y crearon el Departamento de Informática. Eugenia fue ascendida a Jefa de Desarrollo. Con su equipo de 5 programadores y varios contratados, creó el tablero de control integral que le permitía a los técnicos saber en qué estado de la cadena de producción estaba cada una de las miles de piezas de un auto que después se testearía en el túnel de viento. Además, mantenía el sistema que replicaba los datos de cada carrera desde cualquier circuito del mundo a la base en Milton Keynes.

Vértigo, velocidad y desafío. Todo cronometrado.

Cuando la vida te pide parar

En 2009 viajó a Argentina. Tras muchos intentos fallidos de ser mamá, atravesó un profundo quiebre emocional. En 2010 renunció a Red Bull Racing. No podía más con la presión.

Fue a terapia. Su psicólogo le hizo la pregunta clave: «¿Qué es lo que hace que te olvides del mundo?».

La respuesta vino de muy lejos, de la nena de Beltrán: dibujar y pintar.

Nunca había tomado clases de arte. Una prima le acercó un dibujo de doodle art. Esa técnica que parece simple, garabatear, pero con criterio, simetría y sentido. Eugenia soltó la mano. Y soltó las emociones.

«Tomé el doodle art como un camino de sanación para mí», dice hoy.

Nace Peufe: el arte como despertar y sanación

En 2014 empezó como un hobby. En 2015 le puso nombre: Peufe. Fue mucho más que una marca. Fue su nueva identidad.

Así lo define en su web: «Bajo el nombre artístico de Peufe, he encontrado una nueva vida y propósito a través del arte. Con un trasfondo en Ciencias de la Computación y una carrera exitosa que me llevó a trabajar en la Fórmula 1, mi vida dio un giro inesperado a los 45 años».

Su lema lo dice todo: «El arte como despertar y sanación».

Al principio hacía de todo: vinilos decorativos, libros para colorear, tazas intervenidas, almohadones, láminas, imanes. Amigos y familiares empezaron a pedirle cuadros. En 2017 se instaló en Buenos Aires y consiguió un puesto como artesana invitada en la feria de Honduras, en Palermo. Cada vez que volvía al Valle, daba talleres en Cipolletti.

Con el tiempo sumó acuarela, tinta, arte digital, arte en 3D, rompecabezas de madera calada, y hasta lámparas hechas con cápsulas de café recicladas y capuchones de vino. Todo con esa mirada suya de ex programadora: fusionar lo manual con lo digital.

Su especialidad es el Doodle Art. Ella lo explica mejor que nadie: «Lo que más me encanta es la libertad que ofrece: dejar ir el control y no planificar los trazos de antemano, permitiendo que las formas emerjan de manera espontánea mientras disfruto del proceso y me relajo».

Y algo que la conecta directo con nuestro público cipoleño: sus retratos de mascotas. Para ella, no es solo un dibujo. «Es una representación tangible del amor, la alegría y los recuerdos compartidos con un ser querido».

El círculo que se cierra

De haber expuesto en el British Arts Centre de Buenos Aires con su muestra «Desatar», en el Centro Cultural Borges, en la Feria del Libro de La Rural y en la Casa de Río Negro en Buenos Aires, Eugenia también expuso en la Galería de Arte Municipal de Cipolletti. Porque el Valle tira.

Hoy dicta talleres presenciales y online de arteterapia. Enseña el doodle como lo que a ella le salvó: una meditación activa para calmar la ansiedad, la angustia y despertar al artista que todos llevamos dentro.

«Hace 30 años diseñé mi vida. Salió totalmente distinta a lo planeado. Pero me hizo descubrir el arte como herramienta para inspirar, sanar y conectar».

De 0 a 100 en dos segundos, como un F1. Pero esta vez, para volver a ella misma.

Conocé su obra
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📷 @peufe — nuevos talleres online este mes
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