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Revista cultural y comunitaria
Cuatro mujeres de distintas edades y etapas de vida —una embarazada— caminando juntas y sonriendo, en ropa deportiva
Salud · Medicina del Deporte

Una vida, muchos ciclos: acompañar a la mujer activa en cada etapa

24 de agosto de 2026 · Cipolletti, Río Negro

Existe una tendencia arraigada en la medicina —y también en la cultura popular— de asociar la fisiología femenina con restricciones. El ciclo menstrual como justificación para reducir el entrenamiento. El embarazo como un paréntesis en la vida activa. La menopausia como el inicio del declive físico. Ninguna de esas ideas resiste el escrutinio de la evidencia científica actual, explica la Dra. Elizabeth S. Vilamowski, especialista en Clínica Médica y Medicina del Deporte (U.B.A.) y docente de la Diplomatura en Medicina del Estilo de Vida de la Universidad Nacional del Comahue, en una columna que comparte con Revista Cipolletti.

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La mujer puede entrenar, competir y mantenerse físicamente activa a lo largo de toda su vida. Lo que varía en cada etapa no es su capacidad de movimiento — es la biología que la sostiene. Conocer esa biología, respetarla y trabajar con ella es, precisamente, el rol de la medicina del deporte. El 80% de las deportistas percibe que su ciclo influye en el rendimiento; sin embargo, menos del 20% tiene eso reflejado en su planificación de entrenamiento. Esa brecha no es un dato menor: es una oportunidad de intervención.

El ciclo menstrual: ni excusa ni tabú

Una de las preguntas más frecuentes en el consultorio es si conviene modificar el entrenamiento según la fase del ciclo menstrual. La respuesta más honesta que puede darse es: depende de cada mujer. Las variaciones hormonales a lo largo del ciclo producen efectos fisiológicos reales —cambios en la temperatura corporal, en la percepción del esfuerzo, en la laxitud articular, en los niveles de energía disponible—. Algunas mujeres los sienten con claridad; otras no notan ninguna diferencia. Ambas experiencias son válidas y tienen respaldo biológico.

Lo que la ciencia no avala es la generalización. No existe una prescripción universal que indique a todas las mujeres cómo entrenar en cada fase. Lo que sí existe —y lo que más falta en la consulta deportológica— es la pregunta: ¿cómo te sentís? ¿Tenés síntomas? ¿Impactan en tu rendimiento o en tu vida diaria? La menstruación es un signo vital. Cuando se interrumpe en una deportista bajo alta carga de entrenamiento, no es una buena noticia: es una señal de alarma que hay que escuchar.

Embarazo: el movimiento como parte del cuidado

Por décadas, la indicación implícita ante un embarazo fue el reposo. Hoy esa recomendación está obsoleta. En ausencia de contraindicaciones obstétricas específicas, la actividad física regular durante el embarazo es segura y beneficiosa: mejora la condición cardiovascular, reduce el riesgo de diabetes gestacional, favorece el control del peso y tiene impacto positivo en el bienestar emocional.

El desafío no es solo autorizar el movimiento, sino orientarlo. La intensidad adecuada, el tipo de ejercicio apropiado para cada trimestre, la evaluación continua del estado de la mujer y su nivel de entrenamiento previo —todo eso requiere un acompañamiento profesional que va más allá del "podés hacer algo de ejercicio". Y el postparto merece la misma atención: el retorno a la actividad no tiene una fecha fija ni un protocolo genérico, sino que implica evaluar la recuperación del piso pélvico, la integridad de la pared abdominal, los niveles de fuerza y la condición cardiovascular. Porque quien vuelve a entrenar no es la misma persona que entrenaba antes — y ese reconocimiento es el punto de partida.

Menopausia: una ventana que no hay que dejar cerrar

La caída de los estrógenos en la menopausia desencadena cambios que afectan prácticamente todos los sistemas del cuerpo: la masa muscular disminuye, el hueso se vuelve más frágil, el metabolismo se modifica y el riesgo cardiovascular —que hasta entonces era menor que en el hombre— se equipara. Los primeros cinco años posteriores a la menopausia representan el período de mayor velocidad en la pérdida ósea.

Frente a ese panorama, el ejercicio no es una opción deseable: es una intervención terapéutica. El entrenamiento de fuerza actúa como estímulo osteogénico —ningún fármaco reproduce ese efecto mecánico—. El ejercicio aeróbico regular reduce el riesgo cardiovascular con una eficacia comparable o superior a varias intervenciones farmacológicas, y el trabajo de equilibrio y coordinación es la herramienta más costo-efectiva para prevenir caídas y fracturas en años posteriores. La menopausia no marca el final de la vida deportiva: es, si se interviene a tiempo, una de las etapas con mayor potencial preventivo de toda la vida de una mujer.

Longevidad: más años, con más vida

Extender la expectativa de vida es un logro de la medicina moderna. Pero la longevidad sin funcionalidad no es el objetivo que se persigue: lo que se busca —y lo que el ejercicio bien prescripto puede garantizar— es llegar a los años avanzados con autonomía, con movilidad y con capacidad de decisión sobre la propia vida. El músculo es el tejido más directamente asociado a esa autonomía. Mantenerlo requiere estímulo sostenido —no intensidad extrema, sino consistencia—. La fuerza muscular predice la capacidad de levantarse de una silla, de subir escaleras, de evitar una caída: cada sesión de entrenamiento en la adultez es una inversión en la independencia futura.

«No hace falta una medicina que proteja a la mujer del movimiento. Hace falta una que la ayude a moverse mejor, en cada momento de su vida.»

Una misma oportunidad en cada etapa

El ciclo menstrual, el embarazo y la menopausia no son obstáculos para el deporte. Son etapas con fisiología propia que merecen ser comprendidas, no esquivadas. La medicina del deporte tiene las herramientas para acompañar a una mujer desde sus primeros años de actividad física hasta una vejez activa —siempre que se abandone la mirada restrictiva y se adopte una perspectiva de acompañamiento real.

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Dra. Elizabeth S. Vilamowski — Especialista en Clínica Médica y Medicina del Deporte (U.B.A.). Docente de la Diplomatura en Medicina del Estilo de Vida, Universidad Nacional del Comahue.
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