Doña Nelly, 40 años de panadería y una marca en Cipolletti
Hace 40 años, Antonio Reyes Helguero y Nélida Pérez —hoy conocida por todo el barrio simplemente como Doña Nelly— llegaron a Cipolletti desde Buenos Aires con un oficio aprendido desde chicos: el de panadero. De esa mudanza nació Margus, una panadería que con el tiempo dejó de ser solo un comercio para convertirse en parte de la identidad de la ciudad.
Cuatro décadas después, Margus sigue en pie, con el mismo compromiso con el que empezó: el pan de todos los días, hecho por la misma gente que lo hacía cuando Cipolletti era una ciudad bastante más chica. Ese tipo de continuidad —la de un mostrador que no cambió de manos ni de vocación en 40 años— es cada vez más rara, y por eso vale la pena contarla.
Un oficio, una vida
Antonio aprendió el oficio de panadero desde muy chico, y esa formación temprana fue la base sobre la que construyó, junto a Nélida, un negocio familiar que atravesó crisis, cambios de gobierno, pandemias e inflación sin bajar la persiana. La historia de Margus es, en el fondo, la historia de miles de comercios de barrio que sostienen la vida cotidiana de una ciudad sin pedir nada a cambio, más que el respeto del vecino que vuelve todos los días a comprar el mismo pan.
«Hay negocios que no solo venden algo: sostienen la memoria de un barrio entero.»
Hoy, la ciudad también acompaña a los emprendedores alimentarios que siguen ese mismo camino: a través del programa municipal PUPA (Pequeñas Unidades Productivas Alimentarias), decenas de nuevos proyectos gastronómicos de Cipolletti reciben asesoramiento y acompañamiento para crecer — la misma semilla que, 40 años atrás y sin ningún programa de por medio, plantaron Antonio y Doña Nelly.
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