1° de agosto: el Alto Valle le agradece a la Pachamama
El 1° de agosto se celebra en gran parte de la cordillera y la Patagonia el Día de la Pachamama, una fecha que las comunidades andinas y mapuche-tehuelche vienen sosteniendo desde mucho antes de que existiera un calendario oficial. El ritual central es sencillo y profundo: se entierra comida, bebida y hojas de coca en un pozo hecho en la tierra, y se rocía caña con ruda como ofrenda — un gesto de devolución antes que de pedido, agradecer lo que la tierra ya dio.
Una gratitud con raíces en el Alto Valle
En el Alto Valle de Río Negro esa gratitud tiene un correlato muy directo. Acá la Pachamama no es una idea abstracta: es la tierra que sostiene las chacras de peras y manzanas que le dieron identidad productiva a toda la región, y es también la memoria de los pueblos originarios que habitaron este territorio mucho antes de que se trazara el primer canal de riego. Comunidades mapuche-tehuelche de la zona mantienen vivo el ritual, muchas veces en encuentros abiertos a quien quiera sumarse a agradecer.
Un gesto que se devuelve, no que se pide
Lo que distingue a esta ceremonia de otras es su lógica: no se le pide nada a la tierra, se le devuelve. Antes de la primera cosecha, antes del primer riego de la temporada, se le agradece lo que ya dio. Es una lógica que cualquier productor frutícola del Alto Valle reconoce enseguida, aunque no participe del ritual: la tierra da si se la cuida, y el Alto Valle entero — desde Cipolletti hasta el último canal de riego — es, en el fondo, un territorio que aprendió a convivir con esa idea.
Agradecer a la tierra en el corazón del Alto Valle frutícola no es folklore: es reconocer de dónde viene, literalmente, lo que comemos.