Aprender a leer no tiene edad: el Día Internacional de la Alfabetización
Cada 8 de septiembre, el calendario le pone nombre a un esfuerzo silencioso que se repite en cada ciudad del país: el de quienes deciden, a los 40, 50 o 60 años, que todavía tienen tiempo de aprender a leer un diario de punta a punta.
Detrás de cada aula de un Centro Educativo de Adultos (CEA) hay una historia distinta: quien dejó la escuela de chico para trabajar en la chacra, quien crió hijos antes de poder terminar séptimo grado, quien un día decidió que era su turno. En Cipolletti, como en el resto de Río Negro, estos centros siguen funcionando puertas adentro, casi sin ruido, sosteniendo ese derecho.
«Leer es pronunciar el mundo» — Paulo Freire
Para el pedagogo brasileño, aprender a leer y escribir es el acto que le permite a una persona tomar distancia de su propia práctica para conocerla críticamente, volver a ella y transformarla. Es exactamente lo que ocurre, en silencio, en cada centro de alfabetización de adultos de la ciudad.
Una nota que queremos seguir contando
Esta no es una nota sobre un problema social: es una nota sobre coraje. Y queremos contarla en primera persona, con nombre y con permiso, desde algún Centro Educativo de Adultos o biblioteca popular de Cipolletti.
Si sos docente, alumno o familiar de alguien que volvió a las aulas de grande, escribinos: nos encantaría contar esa historia en una próxima edición, con el permiso de sus protagonistas.
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