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Salud · Medicina del Estilo de Vida

El amor es una medicina real

9 de octubre de 2026 · Salud

La soledad fomenta la enfermedad cardiovascular. Afortunadamente, existe un antídoto.

Un ataque al corazón y una lección

Las personas que sobreviven a un ataque cardíaco a menudo lo describen como una llamada de atención. Pero para un ejecutivo de 61 años que conocí recientemente, fue más que eso. Este hombre estaba en medio de un divorcio cuando sufrió el ataque la primavera pasada, y había perdido contacto con amigos y familiares.

Su médico, sin ser consciente del conflicto en su vida, le aconsejó cambiar su dieta, empezar a hacer ejercicio y dejar de fumar. También le recetó medicamentos para bajar el colesterol y la presión arterial. Era un consejo sólido, pero cuando revisamos la evidencia médica, advertimos que el paciente necesitaba hacer más: los estudios muestran que su riesgo de morir dentro de los seis meses sería cuatro veces mayor si seguía deprimido y solo.

Así que se le «prescribieron» actividades que desarrollen y mantengan su conexión social. Se unió a un grupo de apoyo y reordenó sus prioridades, poniendo las relaciones en la parte superior de la lista en lugar de al final. Su salud fue mejorando constantemente desde entonces, y también su perspectiva de la vida.

«Sí, mis arterias están más abiertas. Pero aún más importante, yo estoy más abierto.»

Así describe hoy su ataque cardíaco: como lo mejor que le pasó. Diversos estudios (como los respaldados por la American Heart Association) muestran que la soledad y el aislamiento social incrementan el riesgo de sufrir un ataque cardíaco o muerte de causa cardíaca entre un 29% y un 30%.

La epidemia de la soledad

La medicina hoy se enfoca principalmente en drogas y cirugía, genes y gérmenes, microbios y moléculas. Sin embargo, el amor y la intimidad están en la raíz de lo que nos enferma y de lo que nos hace estar bien. Si una nueva medicación tuviera el mismo impacto, no recetarla sería mala praxis.

Las conexiones con otras personas afectan no solo la calidad de nuestras vidas sino también nuestra supervivencia. Estudio tras estudio encuentra que las personas que se sienten solas tienen muchas más probabilidades de contraer enfermedad cardiovascular que aquellas que tienen un fuerte sentido de conexión y comunidad. No conozco ningún otro factor en la medicina —ni dieta, ni tabaquismo, ni ejercicio, ni genética, ni drogas, ni cirugía— que tenga un mayor impacto en nuestra calidad de vida, incidencia de enfermedad y muerte prematura.

Se habla de una epidemia contemporánea: la epidemia de la soledad. Hay numerosos grupos que investigan el problema a nivel internacional, en países como Japón, Australia o Reino Unido. La preocupación es tan grande que hay respuestas a nivel ministerial: incluso se han creado ministerios de la soledad.

Por qué estar solo enferma

En parte, porque las personas que están solas son más propensas a tener conductas autodestructivas. Pasar el día se vuelve más importante que vivir una larga vida cuando no tenés a nadie más por quien vivir. Como me dijo un paciente: «Tengo 20 amigos en este paquete de cigarrillos. Siempre están ahí para mí. ¿Querés quitarme mis 20 amigos? ¿Qué me vas a dar a cambio?». Otros pacientes se refugian en la comida, el alcohol o las drogas: «Cuando me siento solo, como mucha grasa, me cubre los nervios y adormece el dolor».

Pero la soledad no es solo una barrera para el buen estado físico. Incluso cuando comés bien, hacés ejercicio y evitás fumar, aumenta tu riesgo de muerte prematura.

Somos seres sociales

El robusto cuerpo de la evidencia muestra que las personas somos seres básicamente sociales. Para estar en un estado de motivación sostenida necesitamos, de acuerdo con la teoría de la autodeterminación de los psicólogos Edward Deci y Richard Ryan, tres dimensiones: competencia (sentirse capaz y eficaz en lo que hacemos), autonomía (sentir que tenemos el control y la libertad de elegir nuestras acciones) y vinculación (sentirse conectado, comprendido y parte de un grupo).

El impulso evolutivo de conectarse se refleja incluso en el dolor físico que sienten quienes viven una ruptura de vínculos: ser expulsados de un círculo social, de un equipo deportivo o de una relación amorosa. Son situaciones que se viven como una amenaza a la propia existencia.

Existen muchas definiciones de conexión. La más sencilla de entender es la que se atribuye a la investigadora y autora Brené Brown: «la conexión es la energía que surge entre las personas cuando se sienten vistas, escuchadas y valoradas. Implica poder dar y recibir sin juzgar, y encontrar fortaleza y sustento en dicha relación».

El amor protege el corazón

Afortunadamente, el amor protege tu corazón de maneras que no comprendemos completamente. En un estudio de la Universidad de Yale, hombres y mujeres que se sintieron más amados y apoyados tuvieron sustancialmente menos obstrucción en sus arterias coronarias. Y cuando investigadores de la Universidad de Duke encuestaron a hombres y mujeres con enfermedad cardíaca, quienes estaban solteros y carecían de confidentes tuvieron tres veces más probabilidades de haber muerto después de cinco años. En estos estudios, los efectos protectores del amor fueron independientes de otros factores de riesgo.

El compañerismo afecta no solo la calidad de nuestras vidas, sino nuestra supervivencia. Y nuestra principal compañía somos nosotros mismos: el amor propio es el gran amor que debemos identificar y robustecer. Sin él, no nos vamos a «poner en agenda» y así estaremos postergados no solo por nosotros mismos, sino también por los demás.

La conciencia es el primer paso

La conciencia es el primer paso hacia la sanación. Cuando entendemos la conexión entre cómo vivimos y cuánto vivimos, es más fácil tomar decisiones diferentes. En lugar de ver el tiempo que pasamos con amigos y familia como un lujo, podemos ver que estas relaciones están entre los determinantes más poderosos de nuestro bienestar y supervivencia.

Estamos programados para ayudarnos unos a otros. La ciencia está documentando los valores curativos del amor, la intimidad, la comunidad, la compasión, el perdón, el altruismo y el servicio: valores que son parte de casi todas las tradiciones espirituales, así como de muchas seculares. Visto así, ser poco generoso puede ser el enfoque más egoísta de la vida, porque libera tanto al que da como al que recibe del sufrimiento, la enfermedad y la muerte prematura.

Redescubrir la sabiduría del amor y la compasión puede ayudarnos a sobrevivir en un contexto global cada vez más fragmentado. Hoy, su aporte resulta más necesario que nunca. Quizás la receta de esta semana sea simple: llamar a alguien, aceptar una invitación, sentarse a la mesa con otros.

Un texto del Dr. Pablo A. Olavegogeascoechea, certificado en Medicina del Estilo de Vida y director de la Diplomatura en Medicina del Estilo de Vida de la Universidad Nacional del Comahue.

Importante
Esta nota es informativa y no reemplaza la consulta con tu médico.

Un texto de la Redacción de Revista Cipolletti.

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