¿La actividad física es necesaria? Lo que el movimiento le hace al cuerpo
El cuerpo humano está diseñado para moverse. La disposición de brazos y piernas, la movilidad de las articulaciones, el tipo de músculo de las extremidades, la coordinación entre el corazón, los pulmones y los músculos: todo en nosotros encaja para desarrollar actividad física. Así lo explican el Dr. Andrés Gallardo Martínez y el Prof. Pablo A. Olavegogeascoechea, ambos integrantes de la Diplomatura Universitaria en Medicina del Estilo de Vida de la Universidad Nacional del Comahue, en una columna que Revista Cipolletti comparte con su comunidad.
Un cuerpo hecho para el movimiento
El desarrollo del sistema nervioso —tanto el central, con el cerebro como órgano principal, como el periférico, con sus nervios— tiene entre sus objetivos principales la gestión del movimiento. Más aún: la actividad física es esencial para la vida humana. Una persona que se queda quieta, que no moviliza ningún músculo, experimenta un deterioro progresivo de todas sus funciones, aunque reciba alimento y agua con normalidad.
El músculo, mucho más que fuerza
El músculo es una estructura compleja, compuesta por células, tejido conectivo, tejido fibroso, nervios y vasos sanguíneos, entre otros elementos. Puede crecer en tamaño, en volumen y en capacidad de fuerza, y su metabolismo involucra múltiples sustancias, muchas de ellas esenciales para su propio funcionamiento.
Pero además de generar y sostener el movimiento, el músculo funciona como un órgano endócrino: cuando se activa, libera sustancias —llamadas miocinas o mioquinas, como la interleucina 6, la interleucina 15, el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), neurotrofinas, decorina o irisina— que viajan por el cuerpo y generan respuestas protectoras, de recuperación o de evolución en otros órganos y tejidos.
El BDNF, por ejemplo, favorece las conexiones entre neuronas y así aumenta las capacidades cognitivas, estimula la formación de nuevos vasos sanguíneos en el cerebro —mejorando su oxigenación— y ayuda a conservar las estructuras del hipocampo, la zona del cerebro directamente relacionada con la memoria.
Todos estos beneficios son invisibles a los ojos. Por eso el objetivo tiene que ser el hábito, y no un número en la balanza.
Un beneficio para cada órgano
Cualquier órgano que se nombre tiene efectos beneficiosos derivados de la actividad física. El corazón mejora su capacidad de contracción, disminuye la presión arterial y favorece el desarrollo de nuevos vasos sanguíneos para una mejor oxigenación. El hígado mejora su capacidad de eliminar residuos tóxicos y de procesar nutrientes. El páncreas disminuye la progresión hacia la diabetes y, en quienes ya la tienen, mejora el aprovechamiento de la glucosa por parte de todas las células del organismo.
Nada de esto ocurre si no hay actividad muscular. Por eso, en la Medicina del Estilo de Vida —un enfoque saludable, preventivo y recuperador que pone el énfasis en la calidad de vida antes que en lo estrictamente terapéutico— la actividad física es un pilar esencial.
No dejemos de movernos
Cualquiera sea tu situación clínica, tu edad o tus capacidades, el movimiento —por mínimo que sea— va a impactar en mejoras. Desde la salud pública, los mayores avances probablemente vendrán de políticas que aumenten las oportunidades de actividad física diaria: transporte activo, educación física escolar, espacios de trabajo que reduzcan el sedentarismo prolongado y acceso equitativo a instalaciones recreativas de calidad.
El concepto de "El ejercicio es medicina" —una iniciativa de salud global del Colegio Americano de Medicina Deportiva y la Asociación Médica Americana— es más efectivo cuando se implementa como un flujo de trabajo ordenado: evaluar la actividad física y la función, desarrollar una prescripción de ejercicio personalizada, acordar objetivos, proporcionar recursos, hacer seguimiento y, cuando corresponda, derivar al paciente. Integrar estos pasos en la historia clínica, con avisos automatizados y opciones de derivación, puede reducir la carga del equipo de salud y aumentar la coherencia del tratamiento.
Las alianzas con organizaciones comunitarias, parques y programas de bienestar con orientación médica pueden extender ese alcance más allá de los consultorios. La implementación a nivel del sistema de salud sigue siendo, sin embargo, una brecha importante entre la evidencia y la práctica: a pesar de los sólidos datos que respaldan la rehabilitación basada en el ejercicio, la participación sigue siendo baja en muchas regiones por falta de derivación, barreras de transporte, responsabilidades laborales y de cuidado, copagos excesivos y cobertura limitada del seguro. Ampliar los modelos de rehabilitación domiciliaria e híbrida, integrar a profesionales del ejercicio en los equipos de salud y alinear los resultados con la práctica clínica podría aumentar de manera significativa el alcance y el impacto en beneficio de la salud de la población.